Abrió la puerta de un golpe y se escuchó un rechinido proveniente de las bisagras como si entonasen un canto pidiendo un poco de aceite. Atravesó el umbral y se abrió paso entre los múltiples objetos que yacían en el piso, carentes de vida, creyó escuchar algo, pero no le tomo importancia y se recordó lo fácil que es caer victima de la mente mientras se esta en penumbra. Había oscuridad total y solo un lánguido haz de luz asomaba tímidamente por entre las persianas. Logró asirse del interruptor y no dudó en accionarlo. La luz cegó su visión por un instante y tardo unos segundos en acostumbrarse a la reciente claridad. Estaba en casa.
Había estado ausente por un día y como en otras ocasiones no esperaba nada distinto, salvo por alguna ropa sucia y algunas sobras de cenas fallidas sobre el escritorio. Fue precisamente eso lo que le preocupó. Recordaba haber dejado un trozo de emparedado de atún sobre un plato en el escritorio, mismo que durante su partida rondaba su cabeza recordándole el peculiar olor del atún en un cuarto encerrado. Pero el emparedado había desaparecido. Miró hacia atrás como buscando una respuesta espontánea, pero como era de esperarse no la encontró y decidió ignorar el hecho atribuyéndolo a algún ratón afortunado.
Encendió el televisor, el aire acondicionado e incluso un viejo ventilador que dirigió hacia el mueble donde estaba el ordenador; Necesitaba estar cómodo. Tomó asiento en su vieja silla y al sentir el peso la silla soltó un crujido tan familiar que lo hizo sentir seguro. Miró el reloj, eran las 10 de la noche y sabía que le esperaba una larga noche de radiación controlada frente al monitor.
La noche transcurría tranquilamente como de costumbre y afuera, la cacofonía de los grillos y sapos se confundía con el sonido del aire en las ventilas y las aspas del viejo ventilador. Echó un vistazo rápido al reloj y se dio cuenta que era mas tarde de lo que pensaba. El reloj marcaba las 3 de la madrugada y no se inmutó. Debido al insomnio crónico que padecía, el dormir o pasar la noche en vela no era mas una decisión que tuviera mucha relevancia. Llevó una vez mas las manos al teclado del ordenador, ignorando el síndrome carpiano y de pronto, alcanzó a ver detrás del monitor lo que parecía cabello, o al menos eso creía. Su actitud curiosa y su gesto de sorpresa cambiaron repentinamente al percatarse de que lo que parecía inmóvil en algún instante, dejo ver un rabo rosado carente de pelo. Se incorporo de la silla y dio un salto hacia atrás dejando escuchar un grito ahogado, tal vez evitando despertar a los que dormían. Sin embargo un torrente de sustancias recorría su cuerpo y le dejaban sentir una sensación nunca antes vivida. -«Con que así se siente el miedo» – pensó -. No quitaba la vista del animal extraño, hasta que de pronto, el animal que permanecía en las sombras de mostró. Era un temible tlacuache ninja…. y venia a matarlo.
La bestia lo miró fijamente y permaneció inmóvil frente al teclado. Tenía las orejas maltratadas y un aspecto insano que le daba un semblante feroz e imponente. Le arrojó una ficha pero el animal ni se inmuto. Se dijo -«Tengo que documentar esto, nadie me va a creer»- y buscó la cámara mas cercana que tenia, una webcam. Consiguió ponerle baterías y cuando estaba listo, el tlacuache ya estaba en el piso. Después de un largo forcejeo con el animal, logró someterlo y enjaularlo en una caja. La astucia del hombre había vencido.
continuara…

JAJAJA… Me gustaría que alguien escribiera la versión del tlacuache. Pudiera ser muy ilustrativa. JAJAJAJA